Los deportes más productivos en las empresas

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Todos nosotros estamos inmersos en proyectos personales, profesionales, emprendimientos, o empleos por cuenta ajena en los que invertimos muchas horas cada día, pero en los que el paso del tiempo hace que la ilusión y entusiasmo iniciales vayan desapareciendo. ¿Por qué llegamos al punto en el que dejamos de dar lo mejor que tenemos?

Vamos a analizar esto ya que es importante. En primer lugar tengamos en cuenta que todos somos un puzle que va creciendo con los años, en el que las piezas son variadas, desde los diferentes talentos, experiencias, o conocimientos, hasta todo ese cúmulo de circunstancias que son una vida de éxitos y fracasos, y todos ellos son los que van llenando nuestra mochila vivencial. En segundo lugar debemos de darnos cuenta que hagamos lo que hagamos, salvo excepciones, la mayoría solemos empezar con ilusión, con energía, con metas que alcanzar, somos capaces de pensar en lo que vamos a lograr y lo que haremos cuando lo consigamos, pero un tiempo después eso en muchísimas ocasiones se va diluyendo, puede llegar a desaparecer e incluso mutarse hasta convertirse en la otra cara de la misma moneda, generando apatía y sentimientos negativos con la misma actividad que nos generó ese entusiasmo al principio. ¿Qué es lo que hace que eso ocurra? ¿Qué ha pasado por el camino?

Hay varios factores que suelen ayudar. Por un lado, uno de ellos son las propias dificultades que suelen surgir en todo emprendimiento, empresa o empleo. Es normal que ocurran y dependerá de como estemos de preparados ante esas dificultades lo que hará que nos afecten mas o menos. No es lo que ocurre sino lo que hacemos con lo que ocurre lo que determina la importancia de las mismas. Por otro lado la interacción de las personas involucradas, el que nuestros socios, empleados o jefes, se conviertan en un elemento de apoyo, en un equipo en el que nos sintamos integrados y compenetrados o un elemento diferente, distante y que nos hagan sentir que no encajamos con ellos. Hay por supuesto muchos más pero estos son dos de los mas importantes en ese devenir que comentaba.

 

 

Ante esta situación, hay una medicina que podría ser una solución en la mayoría de los casos, pero esa medicina no se vende en farmacias ni nos la puede recetar ningún médico ya que se trata de dos deportes personales: preguntar y escuchar. Esas dos palabras tienen magia, y producen un cambio en las vidas de todos los que las practican a diario. Y cuando digo en todos, es en todos, en mi, en ti, en todos sin excepción.

Como dice la imagen de cabecera: No hay personas poco interesantes sino personas que no conocemos lo suficiente. Eso significa que no nos hemos interesado por conocerlas, por preguntarles como son, como sienten, qué necesidades o ambiciones tienen, con qué dificultades se enfrentan a diario tanto en su vida personal como en la profesional, y si en alguna ocasión lo hemos hecho, no las hemos escuchado con atención, en silencio pero poniendo en práctica la escucha activa que además de atención implica el darle feedback de que lo estamos haciendo, y eso puede ser con sonidos, con gestos o con breves frases que le dicen: “me interesa lo que dices pero sigue contándome más”.

Son deportes que pocos practicamos y que cuando lo hacemos vienen condicionados por los hábitos sociales o comerciales que los enturbian. De esta forma, cuando preguntamos suele ser con el interés de que la otra persona nos pregunte de vuelta y nos dé la oportunidad de contarle lo nuestro que es lo que de verdad nos interesa, o si no lo hace, haga una pausa aunque sea para respirar en la que podamos entrar como un elefante en una cacharrería, de golpe, sin hacer prisioneros, y soltarle nuestra charla sobre nuestra vida o lo que queremos que sepa de nosotros. Pero si le damos la vuelta y practicamos esos dos deportes de pronto empezamos a generar un círculo de energía diferente que nos hará sentir diferente y nos dará resultados diferentes.

 

 

Al preguntar y escuchar, le transmitimos a la otra persona que es importante para nosotros, que nos interesa y que valoramos lo que nos cuenta. Eso produce un efecto en ella que la genera una sensación de cercanía con nosotros, ahí empieza a crecer un sentimiento de confianza hacia nosotros que ayudará a que la relación sea sana, limpia y productiva. Cuando digo productiva es que esa persona tendrá mejor imagen de nosotros y en la mayoría de los casos quiera ayudarnos cuando tenga ocasión, ya sea porque se lo pidamos o porque ella detecte que lo necesitamos.

Cuando tenemos que enfrentarnos a esas dificultades que sin duda aparecerán, podremos disponer de un grupo de empleados, jefes o socios a los que poder recurrir, ya sea para que nos echen una mano, para que nos apoyen, para que nos cuenten sus experiencias, si las han tenido, en las que solucionaron algo similar, o nos pongan en contacto con otros que ellos conocen que puedan sernos de utilidad para resolverlas. Y de pronto esa dificultad es menor o deja de serlo solo porque no estamos solos y tenemos un círculo de relaciones alrededor con los que hemos ido tejiendo una red de compenetración y confianza en el pasado. No olvides lo que he repetido en muchas ocasiones:

Haz Networking cuando no te haga falta o sufrirás cuando lo necesites

En conclusión, algo tan simple como preguntar y escuchar, es decir, dejar de ir en piloto automático por la vida y la profesión, algo tan sencillo como dejar de vivir con personas invisibles, y empezar a conocer e interesarnos por todos aquellos con los que convivimos, con los que trabajamos a diario, con los que compartimos la mayoría de las horas del día, hace que todo cambie, no solo porque nos sintamos apoyados, que ya sería suficiente, sino porque hemos creado un activo tremendamente importante. Me refiero a la garantía de disponer de un grupo de profesionales que nos puedan ayudar con sus experiencias, conocimientos y relaciones a solucionar las dificultades con las que nos enfrentemos y que estando solos podrían frenarnos o hasta hundirnos. La empresa o el proyecto en el que estamos involucrados, evidentemente se beneficiará, pero el mayor beneficio sin duda nos lo llevamos nosotros como persona.

Practica esos dos deportes a diario, fomenta y contagias para que lo hagan tus empleados o tus socios y verás como el músculo de tus sentimientos se fortalece de forma evidente y vuestras relaciones mejoran para siempre.

 

 

 

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