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Las armaduras del corazón te impiden ser tu mismo

Nacemos creativos, nacemos abiertos al mundo, porosos para que toda la vida nos impregne de emociones, sucesos e interacciones con otros seres como nosotros, de hecho no hay mas que ver a un bebé o un niño pequeño dejado en compañía de otros niños, salvo excepciones, rápidamente se mezcla con ellos, interactuan, hacen relaciones  a su manera natural y se divierten aunque no se conocieran de antes. Sin embargo, a medida que vamos creciendo nos vamos encontrando sucesos que no ocurren como esperábamos y nos dañan, nos hacen cicatrices, nos hierren en el sentimiento y nos empiezan a endurecer.

Para evitarlo nos vamos poniendo corazas y la sociedad nos va diciendo que el mundo es malo, que si el hombre es un lobo para el hombre, que debes desconfiar de los demás porque te pueden herir, robar o pisar el cuello, y eso nos va haciendo que queramos protegernos de los posibles daños porque a nadie le gusta sufrir, es lógico. Y cuando nos queremos dar cuenta e incluso muchas veces no somos ni conscientes de ello, el jardín lleno de vida, flores, olores y diversión que eramos cuando nacimos se ha convertido en un castillo con dobles murallas con camisas de once varas, almenas y torres enormes desde donde defender la fortaleza, doble foso lleno de dragones y caimanes terribles, y un puente levadizo con puerta de reja que no levantamos mas que en ocasiones muy esporádicas con personas de máxima confianza y muy cercanas.

 

 

¿Y con eso que logramos? pues que nadie pueda entrar y dañarnos, es cierto, pero a cambio nos perdemos toda la riqueza que traen la mayoría de los que se acercan a nuestro castillo y que casualmente no viene con malas intenciones sino que podrían aportarnos nuevos alimentos, árboles frutales que no conocemos, animales que no tenemos, ideas de mejora de nuestra riqueza interior, nuevos integrantes de la población que vive dentro con destrezas y habilidades que mejorarían la vida dentro de nuestro castillo, invitarnos a conocer sus islas voladoras, sus jardines, sus cataratas, las playas que disfrutan o mil cosas mas. Y algo incluso más importante, y es que con ello no solo impedimos que nada entre, sino que impedimos que nada salga y poco a poco empezamos a dejar de ser nosotros mismos.

Eso significa que perdemos interacción con personas valiosas de las que podríamos aprender cosas que desconocemos y que podrían apasionarnos o incluso enamorarnos y a las que podríamos enriquecer y ayudar a mejorar; perdemos las emociones por no abrirnos a personas con las que tejer amistades o relaciones personales y con las que disfrutar de momentos irrepetibles, o que podrían conectarnos con otras personas que ni sabemos que existen pero con las que quizás podríamos encontrar mentes increíbles con las que podríamos conectar y encontrar sinergias preciosas, perdemos conocimientos, perdemos emociones, aprender de experiencias de otros, ideas, colaboraciones, amor…,  perdemos en resumen mucha vida. Y claro que si abrimos ese puente nos arriesgamos a que entren algunos que podrían dañarnos, herirnos o robarnos pero son tan pocos que si ponemos en la balanza lo que creceríamos con las puertas abiertas y el posible daño al que nos arriesgamos, esta claro que salimos ganando con diferencia.

Solo piensa que encerrados en nosotros no avanzamos, y hacer Networking es sano y mejora nuestra vida. El agua del río está llena de vida, pero si tu la dejas aprisionada en una charca, se pudre, se acaba el oxígeno que alimenta a los peces y todos acaban muriendo.

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