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Excusas o resultados ¿que prefieres tener?

Tenemos el privilegio de vivir en una época apasionante donde todo cambia de un día para otro, es un cambio de era que implica que nada es estático, y en esta situación conozco a muchos profesionales de gran talento que están perfectamente formados para desarrollar su trabajo y tener éxito, aunque en la mayoría de los casos chocan con algo para lo que no están preparados  y es que es imprescindible que entiendan que lo que saben no es suficiente y necesitan seguir aprendiendo.

Esto viene dado porque ese cambio es tan rápido que lo que sabemos que funciona hoy puede dejar de ser válido en unos meses, y por ello estamos obligados a desarrollar una mentalidad de aprendizaje continuo hasta el día que nos muramos, bueno, eso o quedarnos caducos y perder el tren de la vida profesional en la que estamos involucrados.

Esa forma de vivir a mi me parece preciosa, apasionante, indescriptiblemente enriquecedora, pero la realidad es que supone un esfuerzo continuo, no solo en conseguir resultados, hagamos lo que hagamos, sino en esa formación continua y ahí surgen los problemas ya que no todos estamos dispuestos a asumirlo y hacerlo. Cuando éramos jóvenes nos vendieron un modelo en el que nuestros padres habían vivido que consistía en que estudiaras algo para poder dedicarte toda la vida a trabajar con esos conocimientos adquiridos sin mas implicación que hacer bien tu trabajo y ser buen profesional, pero ese modelo de pronto se ha quedado obsoleto y ya no es suficiente a día de hoy.

En mis procesos de formación y mentoría me he encontrado con personas capacitadas y completamente válidas que saben que necesitan evolucionar, pero que llegan a un punto en el que el proceso de aprendizaje les pone delante determinadas dificultades que les obligan a ese esfuerzo extra, y en vez de afrontarlas y esforzarse, empiezan a ponerse todo tipo de excusas. ¿Y como sé que son excusas? Porque yo he sido uno de ellos, yo me las he puesto una y mil veces en el pasado justificando que no podía, que era muy joven para eso, que era muy difícil,  que no tenía tiempo, que era ya muy mayor para eso, que no tenía el dinero, que no tenía las amistades necesarias, que me faltaba formación, que mi familia no me había dado tal o cual cosa, que total ya podría seguir como estaba, que si…

Excusas, excusas y mil millones de excusas.

 

 

Esa es la mayor lucha que hay dentro de nosotros, la lucha contra las excusas, el entender que cuando empezamos a ponerlas estamos justificando que queremos abandonar y no hacer el esfuerzo pero que no es que no queramos seguir sino que no podemos, que la culpa es de otro, de las circunstancias, del mercado, de…

No y siempre no. Las excusas o las afrontas o te comen y te convencen. Las excusas son la forma de huir sin sentirnos culpables pero que en el fondo sabemos que nos autroengañamos y no queremos reconocerlo. Son generales, las repetimos todos en algún momento, las mismas, con las mismas frases y nos las acabamos creyendo. Se comen la autoestima, devoran los sueños, exterminan nuestro futuro y nos llevan a un sentimiento de incapacidad frustrante que nos mata en vida pudiendo convertirnos en harapos de nosotros mismos.

Pero tiene solución. Solo hay que tomar la decisión de enfrentarse a ellas, ponerse enfrente del espejo y decirse a uno mismo mirándose a los ojos:

“No voy a admitirte ni una excusa más, tu eres capaz, tu puedes, tu lo vas a lograr. No sé si será difícil o fácil, eso no es lo importante. Mis sueños. mis objetivo y mis metas merecen la pena de que hagamos el esfuerzo. Te has comprometido con ello y no hay excusa que valga, seguiremos hasta lograrlo así que deja de ponerte excusas y ponte en marcha ya!!!”. Se acabaron las excusas.

Puedes tener una de dos, o excusas o resultados ¿qué prefieres tener?

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