Islas Voladoras

Eres un bambú y no te has dado cuenta

Hace ya un tiempo que empezaste a escuchar hablar del Networking. Le pusiste algo de atención a ver qué era aquello y llegaste a la conclusión que si era verdad lo que te contaban parecía ser algo interesante y sencillo, así que te pusiste en marcha. ¿Te suena a algo que hayas pensado? Sigue leyendo.

A raíz de esa decisión, empezaste a ir a eventos, a conectar con otras personas, a interesarte por la vida de los demás, te enfocaste en aportarles valor, te tuviste que acostumbrar a no sacar el colmillo de vendedor a las primeras de cambio para empezar a pensar qué le podía interesar a la otra persona, te organizaste para llevar la gestión de las relaciones al día y no dejar nada a la memoria, te leíste algunos libros de Networking, algunos blogs… y no pasa nada.

Te detienes un día y miras a ver qué tiempo has invertido y lo que estás consiguiendo y llegas a la conclusión de que no ha ocurrido nada de lo que te prometían. Llevas un par de meses y no te han llegado personas que te recomienden a otros, nadie te ha puesto en contacto con nuevos clientes, no te han llamado para decirte que mirases tal o cual cosa que te podía interesar porque podía ser una oportunidad para ti, note han invitado a una conferencia, no te han… Nada de nada. Esto no funciona, invertir tantas horas durante dos meses y no tener retorno no es precisamente un buen negocio, y empiezas a pensar que igual haciendo otra cosa mas directa hubieras logrado mejores resultados.

 

 

Le doy dos semanas más a ver que pasa, pero como no…

Pero decides seguir, eso sí, midiendo cada semana lo que has logrado, lo haces pero decidido a contabilizar el ROI de lo que haces en networking y dos semanas después sigues igual, sin nada en la parte del saldo positivo. Esto no avanza. Le daré las últimas dos semanas, te dices, a ver si de una vez funciona y si no, lo dejo y a otra cosa.

Este es el relato normal de muchos profesionales que deciden probar el networking a ver que tal y equivocan los parámetros midiendo lo que no es medible, el corto plazo. Si queremos recoger naranjas, deberemos elegir bien la tierra donde lo haremos, prepararla para que esté abonada y llena de nutrientes. Necesitaremos plantar las semillas, cuidarlas, regarlas, dejar que crezcan, quitar las malas hierbas, eliminar los insectos que puedan dañar el árbol… y esperar que el proceso de crecimiento y maduración natural llegue a su ciclo. No podemos exigir a la semilla que nos de naranjas a los 2 meses. No lo hará porque no es su ciclo, y si pensamos que la semilla se ha muerto y nunca podrá darnos nada porque no tengamos al menos una naranja en 2 meses, es que no sabemos que estamos haciendo.

Todo tiene su proceso, y el Networking también

En el Networking pasa exactamente lo mismo pero en otro ámbito. En primer lugar el que tiene que crecer eres tu, desde dentro, para ir poco a poco internalizando el mensaje que conlleva esta disciplina. Al principio por mucho empeño que le pongas ya te puedo adelantar que no serás todo lo eficaz y natural que tu crees, y los demás lo percibirán, pero eso tiene su proceso. Al tiempo ya empezarás a transmitir esa credibilidad, esa confianza y esa naturalidad que requiere el hacer networking real. Tu no notarás el cambio, no es algo que notas al despertarte, es un proceso de evolución de día a día. En segundo lugar ocurrirá un proceso externo en donde las acciones que has ido haciendo de aporte de valor, de conexión con otros y el resto de actividades del networking irán dejando sus semillas en otros, las cuales deberás cuidar, regar y hacer que crezcan para que pasado ese proceso en el que te has ganado su confianza, empiece el retorno sin esperarlo.

 

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El problema no es que haya resultados antes o después sino que no te das cuenta que eres un bambú que necesita su proceso de crecimiento, de tejer sus raíces para un día, de pronto, crecer 30 metros en poco tiempo. Todos dirán que fue suerte, tu sabrás que estuviste preparándote para ese día.

Cuando quieras medir lo que creces, mira dentro de ti y veras esas raíces que soportarán tu éxito. Y si no las ves, sigue regándolas para seguir creciendo, para seguir creando el sistema de relaciones por debajo de la tierra que serán las que sujeten y alimenten el enorme árbol que serás. Un día todos querrán tener tus contactos, tus relaciones y tus círculos fuertes y débiles, y tu les dirás que ellos pueden, que también son un bambú y que no dejen de alimentar la planta por mucho que tarde en salir la primera hoja.

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