Si no quieres ser invisible, no vivas con personas invisibles

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En nuestra vida nos tenemos que relacionar con personas hagamos lo que hagamos, tanto si vamos a comprar porque necesitamos hacerlo con los dependientes de la tienda, del comercio, en el supermercado o la gasolinera; como si estudiamos con profesores, compañeros de clase, personal administrativo, tutor o mentores; por supuesto también cuando vamos a tomar unas cañas nos relacionamos con amigos, sus parejas, amigos de esos amigos o vecinos; y ya ni que decir tiene en el plano profesional, que tendremos jefes, empleados, compañeros, proveedores, clientes, caseros, competencia y un largo etcétera de diferentes clasificaciones de tipos de personas con las que estamos obligados a tener contacto y algún tipo de relación cada día por el resto de nuestra vida.

La pregunta es

¿que conocemos de todas las personas con las que nos relacionamos a diario?

Normalmente poco o muy poco, y en muchos casos, como era el mio hace 30 años, ni quería saber mas ya que no me interesaban las personas por mi timidez e introversión. La mayoría, salvo en el caso de los amigos que ahora explicaré las diferencias, con el resto solo nos interesa realizar la transacción que nos une ya se trate en un comercio de comprarles algo que venden, echar gasolina, que nos cobren en la caja o conseguir una venta, un mejor precio por un producto que nos vende a nuestra empresa, uno que vendemos nosotros, o que nos dé la información suficiente para aprender y aprobar el curso. Solo eso.

 

 

Pero insisto

¿qué sabemos de ellos? Nada porque son invisibles a nuestros ojos

En los comercios en el 99% de los casos no conocemos ni el nombre de la persona que nos atiende. Si se trata de los estudios, conocemos como se llama el profesor, jefe de estudios y los compañeros de estudios; si es nuestro jefe o empleado, pues también aunque no de todos, incluyendo su profesión y lo que vemos de él físicamente, y en algunos ocasiones su email y teléfono, y así con el resto. ¿pero eso es todo lo que configura a esa persona? Por supuesto que no, y ese es el gran error de la sociedad actual, que nadie nos ha enseñado el fantástico y enriquecedor hábito de conocer a los demás.

Cada una de esas personas tiene una vida similar a la tuya, con familia, la mayoría con pareja, muchas veces hijos, amigos y vecinos, pero también tienen como tu inquietudes; profesiones; proyectos en marcha y otros que aun no han desarrollado pero que esperan hacerlo algún día. Tienen aficiones; talentos increíbles que no son públicos; conocimientos que no cuentan a todo el mundo; sueños; experiencias; enfermedades que necesitan tratamiento y otras que la medicina aun no les ha sabido decir el origen y por tanto no saben ni como conseguir que les amortigüe el dolor o las consecuencias en su vida; frustraciones; vivencias que fueron traumáticas y que aún no han conseguido olvidar… Podría seguir delimitando las miles de caras que tiene la poliédrica vida de cada ser humano que conoces y que es como tú.

 

 

Cada persona que conoces es como tú, aunque los trates como si fueran muebles

Porque lo que nos olvidamos es eso, que son como tú y como yo. Y si tú tienes todo eso, ellos también aunque nunca pienses en ello. Vivimos en piloto automático, pasamos por sus vidas y ellos por las nuestras como la nube que está cuando te levantas por la mañana y abres la ventana pero que ha desaparecido 10 minutos después con el viento que la ha difuminado o arrastrado a otro lugar. Nos hemos acostumbrado a recorrer esos caminos diarios con la mínima interacción con el resto de humanos, y tengo que confesaros algo, y es que yo lo tuve como norma de vida durante muchos años, hasta que descubrí otro universo, que era el mismo en el que yo estaba pero que nadie me había enseñado el valor que escondía y que me estaba perdiendo.

Todas esas personas tienen una vida interior fantástica que tú no conoces

Todas esas personas tienen todo eso que te decía. Todas. Normalmente no lo expanden ni comparten demasiado porque el aprendizaje social y los hábitos adquiridos son a protegerlo, a esconderlo y compartirlo solo con parte del círculo más íntimo, con algunos de esos familiares y amigos mas cercanos de los que hablaba al principio, pero incluso no con todos.

Ahora por un momento, piensa en ti, en todas esas aspiraciones que tienes desde niño pero que no conoce ni tu pareja; en todas esas frustraciones internas que nunca has contado ni a tus padres; en esos sueños a los que aspiras pero que nadie sabe porque nunca los compartes.

Pero te invito a que vayas un poco mas lejos. Piensa en esa colección que hiciste de pequeño, que tanto te gusta y que despierta en ti unos enormes sentimientos y emociones porque te costó un gran esfuerzo en tiempo y fueron vivencias emocionantes con amigos de la niñez: piensa en esa guitarra que, por vergüenza, solo tocas en casa en la intimidad y que tu sabes que no haces nada mal; en ese pintor favorito que tanto te impresiona y del que te sabes toda su vida, su obra, los museos en los que está y mil detalles más que poca gente ni imagina; en esa saga de libros de La Fundación que te has leído 7 veces y que tanto te atrapa; en ese tiro con arco que practicabas de joven con mucho éxito y con el que tan buenos ratos pasaste pero que ya no lo haces porque no tienes con quien; en esas entradas que guardas en algún lugar de todos esos conciertos a los que asististe de joven sin que lo supieran tus padres pero que viviste muy intensamente con tus amigos.

Acuérdate de esas poesías que escribías, que guardas en un cajón porque no encuentras motivos para compartirlas ni superas la vergüenza que te da hacerlo pero que cada varios años sacas y relees reviviendo el momento en que las creaste y lo que quisiste expresar con ellas; de ese truco que inventaste tu solo en el colegio para resolver las raíces cuadradas de cabeza; de esas fotos de tu amor de adolescente que nunca supo lo que sentías por ella pero de la que guardas un mechón escondido; de esa capacidad innata que tienes de hacer caricaturas; de ese single italiano que compraste y tienes protegido entre libros para que no se rompa; de esas ideas de cambiar el mundo que aun no has abandonado, que no cuentas pero sigues creyendo posibles; de ese país en el que estuviste hace mucho, que te apasiona y al que te entusiasmaría volver; de esa afición al teatro, al tenis de mesa, al macramé o la ebanistería y que te encantaría retomar asistiendo a clases o volviendo a dedicarle un tiempo de vez en cuando. ¿sigo?

 

 

¿Has pensado alguna vez que todos los demás tienen esa misma riqueza interior como tu?

Todas esas experiencia, esos talentos o el conocimiento adquirido y almacenado que tienes guardado es de muchísimo valor para los demás, ya que puede ayudarles a mejorar sus vidas a encontrar alguien con quien compartir aficiones, proyectos o vivencias y por ello poder volver a poner en marcha un tren que se quedó en vía muerta esperando un día volver a recorrer el mundo.

¿No crees que si generamos los espacios con la actitud correcta, ellos estarían encantados de compartirla?

Si hacemos visibles a los demás, empezaremos a serlo nosotros para ellos

Solo hay que demostrarles interés en conocerles, en escucharles, en descubrir esos talentos, esas emociones, enfocarnos en ver que espacios hay en su vida que puedan ser susceptibles de que les aportemos valor y de pronto aparecerán otros en los que ellos estarán encantados de aportarnos valor a nosotros. Probablemente no sea la misma persona pero al hacerlo indiscriminadamente, al hacerlo por el simple placer de aportar valor, se genera un ambiente alrededor nuestro que atrae a personas que quieren hacer lo mismo con nosotros. Y esa riqueza interior a la que me refiero es un gran cúmulo de talentos y experiencias que podrán aportarnos tanto que no podríamos conseguir por otros caminos ni pagándolas.

Esa parte transparente de las personas es la mas valiosa, es la que no se ve, pero es la que mas enriquece cuando se comparte. Es la que permanece en el rincón mas interior pero la que mas belleza relacional genera y mas valor aporta cuando se siembra en las personas adecuadas. Podemos aportar mucho, podemos recibir mucho, solo tenemos que tender puentes a sus islas voladoras e interesarnos por los demás pero genuinamente, de forma sincera. Nadie vendrá a decirnos cuando, ni como ni a quien, pero desde hoy te recomiendo que te pongas las gafas del Networking, te contagies de alguien que lo practique y empieces a hacerlo sin miedo, es un deporte muy divertido.

No olvides que ellos son como tu, y si tu lo practicas, muchos otros lo harán contigo.

 

 

2 comentarios en “Si no quieres ser invisible, no vivas con personas invisibles

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